Mariano Rajoy cumplió ese viernes un año de gobierno y ha sido elegido Maya del Año por sus vaticinios
Según estaba establecido en el calendario maya de la cuenta larga, el final del 13 katun, es decir, el 21 de diciembre de 2012, el 4 ahau, 3 kankin, era el día señalado para el apocalipsis, el fin del mundo. Desde el ministerio de la presidencia del Gobierno español (hay más gobiernos en el mundo, pero el único que cuenta es el de España, aseguran desde liberticida digital) ya habían planificado la jornada, adjuntamos borrador al final del texto. Sólo que no ha llegado a materializar. ¿Porqué? Aquí exponemos las mismas.
Un señor bajito y con bigote, con pintoresco acento texano ha afirmado sin ruborizarse que le pidió permiso a su amigo George para hablar a Dios sobre la necesaria suspensión del evento dado que el fin del mundo no está contemplado en la constitución española. Y como no aparece no puede llevarse a cabo, lógicamente.
Friedrich Wilheim Nietzsche (1844-1900)
A costa de la crisis, y una vez la gente se encuentra en situación más que delicada, desde hace ya un tiempo, de manera sibilina, virál en internet, a través de cadenas supuéstamente apolíticas (nadie lo es, en todo caso, apartidista, pero tampoco: si no te gusta ninguno, funda uno) sobre temas que suponen ataques directos sobre las líneas de fondo del entramado político administrativo, y, también, en el jurídico-político. No todos los que dicen ser demócratas lo son en la realidad. Aunque digan que es algo de toda la vida. Por un lado están los ataques contra los funcionarios, por el otro a los diputados, y de otro, directamente, a las autonomías. Y es que todo tiene una intencionalidad política, se diga o no, se explicite o no. Una democracia va más allá del nombre. Implica muchas cosas, muchos detalles. Aunque su defensa sea ahora vista como impopular.
Es evidente que el pecado original es común a ambos enclaves. Y se llama Javier de Burgos y su división territorial en provincias de 1833. La así llamada “Guerra de la Independencia” que afirmaba ideas como que era preferible el más árido paraje mesetario que cualquier idea presuntamente moderna traída del extranjero (concretamente de la vecina Francia) acabó pariendo la más afrancesada de las posibles constituciones, la de 1812 de Cádiz. De entre los preceptos que perduraron está el de la re-estructuración del entonces imperio, el artículo 10, que hace enumeración de dichos territorios. La anterior no servía, para los propósitos de la nueva administración del nuevo estado, es decir, España. A imitación de lo que había ocurrido en la Francia post revolucionaria. Y los territorios con especificidades diferentes a su entorno fueron entregados “voluntariamente” a la nueva provincia de régimen común más próxima. Como eran Oñati, Trebiño y